miércoles, 30 de noviembre de 2011

Er Furbo eh Furbo.


Er Furbo eh Furbo.

Y alguno aguanto el impulso agarrandose al asiento de la silla oyéndose casi un pequeño crujido, apretó los dientes y disimuló la sonrisa.

Sintió que su jugada ensayada había surtido efecto, tal como él lo había planeado, en el último minuto de partido casi sin tiempo para reaccionar.

El entrenador rival quedó enmudecido sin ganas de dar instrucciones y sabiendo que el partido estaba perdido, al poco tiempo reaccionó pero solamente de pensamiento porque su cuerpo seguía petrificado y pensó que lo importante era la liga, que todavía quedan algunos partidos por jugar y que no está todo perdido.

Acabado el partido el entrenador cargó las culpas del partido perdido a aquel central, joven y a la vez experimentado, le dijo que no supo contrarrestar la jugada del rival y que era su obligación, con el poco tiempo de partido que quedaba por disputar saber aguantar el resultado.

El jugador reflexionó, y concluyó que ya eran demasiados partidos disputados de manera consecutiva jugados, que quizás ese era el problema, que había perdido la ilusión por jugar al fútbol y que es muy joven para tan poca ilusión para practicar este deporte, que quizás apartándose un poco y entrenando por su cuenta vuelva a recuperar la chispa que tuvo un día.

Aquel que aguantó su alegría no podía suponer que su jugada ensayada le podía salir tan bien.

Pero lo que no se podía imaginar es que aquel joven futbolista si lo sabía, que esa jugada preparada a conciencia y con mucha paciencia había tenido su influencia en su perdida de ilusión.

El entrenador, sin ganas de perder el tiempo en niñerías buscó un antiguo central que ya trabajó a sus ordenes y dio este capitulo por finalizado.

Todo esto es muy normal en el mundo del fútbol, lo que no sería normal es que el entrenador y su rival pertenezcan al mismo equipo.

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